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domingo, 19 de octubre de 2014

Hitchcock, Código Hays y un water




A propósito de la preparación de la película El proceso Paradine (1947): 


Cuando le fueron sometidos varios borradores para la necesaria aprobación, Joseph Breen (Administrador del Código Hays en la época) estampó en ellos una retahíla de puritanas objeciones: el diseño de la celda de la prisión no debían incluir un water, había que omitir palabras y frases indelicadas y profanas… tales como ¡Buen Dios!, y ¡Señor!, y ¡Oh, Señor!, y ¡Sólo Dios sabe!; la palabra guarra debía ser eliminada del diálogo; y la frase esa escandalosa casa, refiriéndose a un hogar desordenadamente llevado, también debía ser omitida, ya que podía inducir a pensar que se trataba de una casa de prostitución. “Finalmente –escribió Breen- en la escena en el cuarto de baño sería aconsejable omitir el dar a entender que Gregory Peck está en él, aunque sea indirectamente, a fin de evitar el mostra a un hombre y una mujer en el cuarto de baño al mismo tiempo…” incluso completamente vestidos.

No resulta difícil comprender la acometida de libertad, que a menudo se convirtió en libertinaje, que se apoderó de Hollywood en el momento en que este lunático estigma de la censura desapareció por fin. Contra el Código tuvo que luchar Hitchcock varias veces a lo largo de su carrera… consiguiendo finalmente una victoria con una de las imágenes más iconoclastas filmadas en Hollywood, que nadie creía que Hitchcock fuera capaz de realizar: la visión y el sonido del agua de un water en Psicosis.

 Fuente:  Alfred Hitchcock. La cara oculta del genio. Donald Spoto. 1983

lunes, 7 de julio de 2014

Alfred censura a su propia persona, mismamente

Mr. Alfred tenía por costumbre hacer un cameo en todas sus películas, a él le gustaba y al público también puesto casi se convirtió en un entretenimiento puesto que Hitchcock realizó alguno de estos cameos de una forma harto peculiar.

Pero esta manía tuvo que ser eliminada puesto que mucho público estaba  más pendiente de descubrir dónde aparecería el afamado director y no estaba atento a lo que la película estaba desarrollando.

La solución no pasaba por eliminar esta práctica totalmente puesto que el espectador podría tirarse todo el film buscando al orondo cineasta.

La resolución del conflicto consistió en hacer estas apariciones pero muy al principio de la película y, además, de modo muy evidente para que el espectador en cuestión se dejase de sandeces y se centrara en la historia que es lo que realmente interesa (o no).